
Uno de los principios de la evolución de la especie humana, lo que nos diferencia de otras especies animales entre otras cosas, es la manipulación de los alimentos. Al principio como una forma de conservarlos y hacerlos perdurables para su trasporte y almacenamiento. Después como una forma de ingerirlos y digerirlos mejor y finalmente con el objetivo de hacerlos más placenteros a nuestros sentidos. Pura gula ;)
Lo cierto, es que el papel de aquel que consigue hacer magia con ellos, el cocinero, siempre ha estado muy bien considerado y su reputación y caché al nivel de científicos, artistas o políticos.
La cocina tradicional, la de cazuela, fuego lento y cuchara de madera es posible que continúe su andadura monolítica y sin cambios. Como siempre se ha hecho, como nos enseñaron nuestras madres que aprendieron de sus abuelas. Hasta es posible que sea la cocina más añorada/demandada en el futuro. Pero tendrá la fuerte competencia de la “cocina del futuro”, y es que se avecinan grandes y fascinantes cambios en este campo.
Para empezar, la química y la cocina, que siempre han estado tonteando, al final parece que se van a vivir juntas. Iniciada por la generación del Bulli de nuestro estimado Ferrán Adria ésta nueva cocina de pipetas y matraces hace furor hoy en día, cada vez es más imitada y adorada se está imponiendo.
Llegados a este punto veamos lo que nos puede deparar el futuro;
“La cocina del futuro se basará en la mecánica cuántica”. Esta afirmación tan rotunda no es algo que se me haya ocurrido esta mañana al levantarme. Al parecer, Nestlé utiliza ecuaciones cuánticas para mejorar los nutrientes de los alimentos cocinados.
La mecánica cuántica es la rama de la física que explica el comportamiento de la materia a escala de las partículas subatómicas. Cómo actúan e interaccionan estas partículas condiciona las propiedades de la materia que conocemos. Al aplicar la mecánica cuántica a los alimentos se lograrán desarrollar sabores y olores y se mejorarán los nutrientes.
Según publica Nestlé, los investigadores han analizado las ecuaciones de la mecánica cuántica para comprender mejor las interacciones del agua y los lípidos, consiguiendo desarrollar un modelo que explica el comportamiento de auto-agregación de las moléculas de las comidas. Los resultados de la investigación han aparecido publicados en la revista especializada Physical Review Letters.
Bueno, ya tenemos un futuro con una comida más efectiva y nutritiva. Ahora veamos el laboratorio. Para empezar nos encontramos con cocinas inteligentes, que disponen de hornos y microondas conectados a bases de datos que les dan los parámetros exactos de cada receta, pesan los alimentos y reducen los consumos a la mínima expresión. Cocinas capaces de almacenar los alimentos y los condimentos, mezclarlos y cocinarlos con precisión y sin perder ni un nutriente por el camino. Cocinas conectadas a nuestra báscula, con nuestro mapa genético-medico online, conectadas a microchips en nuestras zapatillas de deporte o a nuestra bicicleta estática o cinta de correr de donde obtienen información del esfuerzo realizado. Capaces de seguir las pautas marcada por el endocrino, calcular las calorías consumidas y reponerlas para que nuestra dieta sea la adecuada.
Si somos más de medicina natural, quizás nuestro váter analice nuestra primera orina de la mañana y pronostique una bajada de defensas, vitaminas o una gripe y nuestra cocina se haga cargo de atajarla como una buena madre. Medicina preventiva.
Será posible también que nuestro chip implantado dé instrucciones a la cocina del restaurante romántico donde vamos a cenar y la cena que elijamos se prepare ya en base a nuestra dieta, gustos y necesidades físicas.
Esto que parece el gran hermano conectando cables a nuestro cuerpo y alimentándonos por vía intravenosa no tiene por qué ser así. Los alimentos serán nutritivos y adaptados a nuestro consumo y necesidades, pero para nada insulsos o aburridos. Nuestros gustos serán una prioridad, de forma que haremos dieta comiendo lo que nos guste.
Los cocineros y chefs del futuro serán entonces medio alquimistas, medio informáticos. Físicos y químicos con arte para despertar nuestros sentidos mediante mezclas quirománticas, farmacéuticos naturópatas capaces de curar mediante una buena sopa condimentada con tecnología.
Los restaurantes de comida rápida, hamburgueserías, pizzerías, bocadillerías, etc. Tendrán que adaptarse. Generar platos preparados por ciber-cocínas informatizadas adaptados al target de cada cliente. Pasarán de ser restaurantes basura a ser la base nutricional de comida sana adaptada, donde comeremos al mediodía los laborables y donde llevaremos a nuestros hijos después del cine el fin de semana sin el cargo de conciencia de criar niños cerdito.
Los asadores y restaurantes de comida tradicional se encontrarán con el reto de mantener el puchero y adaptarlo al nuevo mundo, pero será un reto fácil. Su gusto está implantado en nuestro recuerdo a fuego y sabremos transmitir ese placer a las futuras generaciones, porque, ¿Qué dieta es tan estricta que no se la pueda un saltar uno un día?
Bien, este artículo me ha dejado con hambre y con la sensación que en el futuro se comerá mejor, de forma eficiente, saludable, inteligente y sobre todo agradable a nuestros gustos y sentidos. Estaremos más sanos, más delgados, más guapos y en definitiva, más felices.
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